Cuando dábamos pilates de suelo, en la sala éramos nueve. Ahora, con el Reformer, somos seis. Podría parecer un detalle de aforo, pero para ti, que estás en la máquina, cambia bastante más de lo que suena.
En un grupo reducido de seis personas puedo ver a cada cuerpo, corregir a tiempo y ponerle a cada uno una carga distinta en el mismo ejercicio. Con nueve tumbadas en el suelo, había ángulos que sencillamente no alcanzaba y el ejercicio era el mismo para todos. Ese es el motivo real del cambio: conseguir que la clase se ajuste a tu cuerpo y no a la media del grupo.
Te lo desgloso.
Con seis, te veo
Parece obvio y no lo es. En una clase, la corrección llega cuando yo veo lo que está haciendo tu cuerpo en ese momento, no cuando lo pregunto al final.
Con nueve personas repartidas por el suelo, en distintas posiciones y a distintas alturas, hay cuerpos que quedan fuera de mi ángulo justo cuando más me necesitan. Puedo ir corrigiendo por turnos, pero mientras estoy con una, hay otra compensando sin que yo lo vea.
Con seis, cada una en su máquina y en una posición fija, tengo a todo el grupo dentro del campo de visión. Detecto que estás metiendo la lumbar donde no toca antes de que te cargues, no tres días después cuando me escribes diciendo que te tira la espalda.
Con seis y con máquina, cada una lleva su carga
Esta es la diferencia grande, y no existía en el suelo.
En el suelo la resistencia es tu propio peso, igual para todos. Si el ejercicio pide levantar la pelvis, la levantas entera, peses lo que peses y vengas de donde vengas. La persona que arrastra una lumbar sensible hace el mismo esfuerzo que la que lleva quince años entrenando.
En el Reformer cambio los muelles y cambio la resistencia de cada una sin cambiar el ejercicio. Tu vecina de al lado puede estar haciendo el mismo movimiento con la mitad de carga que tú, porque su espalda lo necesita así hoy. Un grupo pequeño hace esto manejable: seis planes distintos los llevo; nueve, ya no con la misma calidad.
Por eso hablo de clases de pilates en grupos reducidos y no de "clase para pocos". Lo pequeño aquí es el medio; lo importante es que dentro del grupo cabe tu caso concreto.
Antes de entrar al grupo, te valoro
Hay un paso que ocurre antes de tu primera clase y que en el suelo no tenía sentido, porque no había nada que graduar.
Antes de asignarte grupo, te hago una valoración fisioterapéutica. Miro cómo te mueves, qué te duele, de dónde vienes. De ahí sale con qué resistencia empiezas, qué progresión sigues y qué ejercicios evito contigo durante las primeras semanas.
Eso es lo que separa esto de una clase de gimnasio con máquinas bonitas. La máquina no decide por ti; la máquina me da el rango para adaptar lo que ya he valorado. Y en un grupo de seis puedo sostener esa individualización clase tras clase.
Lo que un grupo grande te quita sin que lo notes
Cuando el grupo es de quince o veinte, como pasa en muchos sitios, la clase se convierte por fuerza en una coreografía común. La instructora marca, tú sigues, y si algo no encaja con tu cuerpo, te apañas.
El problema es que las lesiones y las recaídas ocurren justo en ese "te apañas". El gesto compensado que nadie corrige, la carga que era demasiada para tu zona sensible, el ejercicio que no te tocaba hacer todavía. En un grupo grande eso pasa desapercibido hasta que aparece el dolor.
Un grupo de seis dirigido por fisioterapeuta existe precisamente para evitar eso, para que la clase se ajuste a ti mientras la haces y no cuando ya te has hecho daño.
Y sí, hay una cuenta que te interesa
No voy a esconder el precio, porque juega a tu favor. El abono son 110 euros al mes con dos sesiones semanales. Repartido, cada sesión de Reformer te sale a poco más de doce euros.
Una sesión individual conmigo en camilla cuesta 50. Es decir, cada clase de Reformer te sale por una cuarta parte de una sesión de fisioterapia, con valoración previa, corrección en directo y carga adaptada a tu caso. Esa es la cuenta que quiero que tengas en la cabeza cuando compares con una cuota de gimnasio.
Preguntas frecuentes
¿Por qué antes erais nueve y ahora seis?
Porque cambiamos el pilates de suelo por el Reformer, y el Reformer solo tiene sentido con grupos pequeños. Cada persona trabaja en su máquina con una carga distinta, y eso solo lo puedo dirigir bien con seis, no con nueve.
¿Un grupo pequeño significa que voy a ir más rápido?
Vas a ir a tu ritmo, que es distinto. Al valorarte antes y verte durante la clase, la progresión se ajusta a lo que tu cuerpo puede sostener, sin frenarte ni empujarte de más.
¿Necesito experiencia previa en pilates?
No. De hecho empezar directamente en Reformer, con un grupo pequeño y valoración previa, es de las formas más seguras de empezar, porque aprendes el patrón bien desde el principio.
¿Cuántas plazas hay por grupo?
Seis. Una por máquina. Cuando un grupo se llena, se cierra, y por eso conviene consultar antes qué franjas tienen plaza libre.
¿Quién dirige las clases?
Las clases las lleva una profesional con formación sanitaria en Reformer, y la valoración previa la hago yo. El criterio clínico es el mismo que en la consulta.
¿Cada cuánto tengo que ir para notar cambios?
Dos sesiones por semana es lo que marca la diferencia. Con esa constancia, la sensación de control y de moverte mejor suele aparecer entre la tercera y la quinta sesión.
Si te habías planteado el pilates alguna vez y te echaba para atrás la idea de una sala llena de gente haciendo todos lo mismo, esto es justo lo contrario. Grupos de seis, tu carga, tu progresión y alguien que te ve.
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